Ola de olas

Muy pocas veces estamos las feministas de acuerdo en algo. La prostitución, la maternidad, enseñar cacha… son algunos ejemplos de temas que nos dividen más de lo que a nosotras mismas nos gustaría. Pero siempre hay que recordar que precisamente el feminismo desmonta el pensamiento único, introduce fisuras, muestra otras perspectivas, da voz a otros enfoques. Diversidad, hermanas, diversidad.

Una cosa que me llama la atención es que ni siquiera somos capaces de acordar nuestra propia historia, nuestros orígenes. Parecemos esa pareja de enamoradas que no se ponen de acuerdo con las fechas importantes: que una empieza a contar desde el primer whatsapp y, la otra, desde el primer reguetón.

Parece que las feministas teóricas (europeas, en su mayoría), esas voces autorizadas a lo largo de los años a golpe de libro o tesis universitaria, reivindicación y charla / jornada, ciñen el feminismo a tres olas. La primera ola, la que supuso el nacimiento del feminismo en la Ilustración, allá por la Revolución Francesa; la segunda ola, de acuerdo a estas mismas pensadoras, se referiría al Sufragismo y la tercera, tras la Segunda Guerra Mundial, aunaría todas las reivindicaciones “modernas” de los años 50, 60 y 70. Ahí es nada. Otras feministas ilustres empiezan a contar a partir del sufragismo. Otras, también ilustres (ilustres todas, ojo), parece que consideraran a Simone de Beauvoir un punto de inflexión, y distinguen entre feminismos antes de Beauvoir y feminismos post-Beauvoir. En modo, antes de cristo y después de cristo. Bueno. Es otra opción.

Nosotras tenemos un criterio propio para localizar las diferentes olas del feminismo, un criterio que simplemente toma como punto de partida el motivo de su revolución, el leit motiv de su lucha, el heart-core de su galaxia. Creemos que hacerlo de esta manera es menos eurocéntrico, pues por todas estas revoluciones hemos tenido que pasar todas las mujeres, en todos los diferentes estados, de los distintos continentes, a lo largo de los tiempos. Las olas del feminismo son procesos por los que pasamos, en el fondo, todas. Vamos a ver, si conseguimos explicarnos…

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Lo primero por lo que tienen que luchar las feministas es por el acceso a la educación, el derecho a saber leer y escribir, el derecho a formarnos y por tanto a tener las mismas oportunidades que ellos. Primera ola.

Después viene la necesidad de exigir ser consideradas ciudadanas, derecho a elegir, a tener voz y a votar; puesto que si ya tenemos la misma educación que ellos, no es justo que nosotras no podamos ejercer nuestros derechos como ciudadanas igual que ellos. Es ésta la segunda ola.

Tras este momentazo del feminismo llega la hora de reivindicar la igualdad sexual. La tercera ola. En los años 60, 70, en Europa podemos estudiar, podemos votar y estar incluso presentes en la vida pública, en la esfera política… entonces queremos liberarnos del ángel del hogar y de sus exigencias de recato, decoro, quasi frigidez… las mujeres tenemos derecho a poder abortar (o no) y a disfrutar con nuestro sexo, reconocer nuestro placer, controlar la maternidad, hacer política con nuestros cuerpos.

Apuntamos todavía una cuarta ola posterior: esta que se ha gestado en las universidades, donde tantas teóricas del género y la identidad han escrito carros y carretas, han andando y desandando por los entresijos de la identidad sexual. La cuarta ola del feminismo es, en nuestra opinión, la que reivindica que todxs somos igualxs ante el deseo. Somos seres deseantes y nuestros deseos no se ciñen a nuestra sexualidad. Estamos refiriéndonos al origen de todas las teorías queer. El viva la virgen de la diversidad y deseo. Yuju.

Pero en el fondo, desde hace unos años, unas décadas de nada, a lo que llevamos dando vueltas las feministas – como si no nos atreviéramos a pronunciar la palabra maldita, a coger el toro por los cuernos-, la reivindicación que está en el fondo de todo este maremagnun de desigualdades que hemos venido padeciendo las mujeres a lo largo de la historia, es el AMOR. Las mujeres, las feministas de hoy necesitamos, exigimos ser iguales en el amor.

Y ahora, vamos a empezar por amarnos a nosotras mismas.

Por favor, disculpen las molestias.

Silvia Allende

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