Café en la congresa

Me invitaron a participar en las jornadas sobre Paternidades Emergentes, que organizó el Gobierno Vasco el pasado fin de semana, para hablar de nuestro Café para Madres. Allí me colé, con mis 4 horas de sueño, y me planté en la mesa-fiesta de “maternidades y paternidades diversas” a contar lo que hacemos en Bilbao de forma absolutamente autogestionada y amorosa.

El primer día estuvimos en la Universidad de Deusto – que, por cierto, cada año se parece más al Museo del Vaticano-, donde además de las presentaciones de los estudios de rigor, que atisban a lo lejos el cambio de paradigma y justifican la inversión, pudimos disfrutar del discurso de algunas personas tan maravillosas como anti-sistema. Por ejemplo, fue todo un descubrimiento para mi la personalidad de María Jesús Izquierdo, quien en su ponencia, nos dejó a todas pegadas en las sillas.

Maria-Jesus-Izquierdo_EDIIMA20160305_0305_4Esta doctora en economía, ofreció un poderoso mítin sobre la inagotable capadidad de amar y usar sin límite del ser humano, sobre las relaciones de explotación que se establecen siempre (y en todo lugar) entre hombres y mujeres, y la perversa invisibilización del conflicto, la rivalidad y la violencia que padece nuestra sociedad. Fue súper emocionante escuchar a esta mujer hablar de la necesidad de establecer relaciones pro-creativas entre padres y madres, la necesidad de trabajar cooperando, con límites, y rehabilitándonos de la indigestión de amor que nos insufla la cultura desde la primera papilla. Ahora tengo que leerme todos sus libros, yo que tenía mis lecturas organizadas desde navidad, hasta el verano de 2017.

Después, ver a Octavio Salazar clamar al Audirorio de la Universidad de Deusto por acercar el orden amoroso al orden político, y subrayar que la revolución será feminista o no será, fue como descorchar una botella buena de champán dentro del pecho. Ya no puedo volver a referirme a este evento como congreso, sino que a partir de ahora podré decir que he participado en una congresa. ¡Viva!

Y llegó el día de mi intervención, el viernes de dolores, como nos hizo notar Mariano Nieto, de #PPiiNA, esta asociación independiente que es la Plataforma por los Permisos Iguales e Intransferibles y que reclama la equiparación de permisos laborales cuando TAL, a quién tuve el gusto de felicitar personalmente por esa performance post-punk que acababa de llevar a cabo su plataforma (hace nada, antes de ayer) denunciando a la Seguridad Social. Deseo muy fuerte que triunfen.

Como decía, según lo planificado, el viernes la congresa se reanudaba de buena mañana en Donosti, en el Museo de San Telmo, y según lo no planificado, es decir LA VIDA, mi pareja tuvo un viaje de negocios sorpresa, lo cual hizo que todas en casa perdiéramos los nervios y mi madre tuviera que hacerse cargo del despertar de mis criaturas, su desayuno y su desplazamiento al colegio. Es decir, caos total y absoluto en mi agenda familiar, y soluciones/parches doméstico/privadas por doquier.

Tras los saludas de las autoridades y un entrañable momento de folklore euskaldun (bertsolaris al aparato con un “Aita semea bañeran daude. Ama alaba parkean” la mar de salao), salió a escena un antropólogo que intentó hipnotizarnos a todas con la evolución filogenética de la especie, el desarrollo ontogenético del ser humano, la justificación de la monogamia y otros delirios psicobiológicos. Fue el momento WTF de la congresa, que nunca debe faltar.

Después una psicóloga social belga habló largo y tendido de la influencia de los estereotipos en las personas, para concluir al final con estudios validando de por medio, que los hombres están, hoy en día, mucho más limitados que nosotras; que las mujeres tenemos muchas más opciones para desarrollarnos desde lo femenino… Válgame. Mi necesidad de parar y tomar un Café era imperiosa ya, a esas alturas de la mañana.

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Me encantó la mesa de debate que nos tocó en suerte, aunque más que una mesa parecía el típico plató televisivo de un programa en plan “Madres, Padres y Viceversa”, “Mira quién cuida”, “Tú si que cuidas”, o similar. Compartimos aguas y moderadora, Jeanne-Rolande Dacougna de Biltzen, Hilario Sáez, del Foro de Hombres por la Igualdad, Iñigo Recio, de la Asociación Alavesa de Autismo, y yo misma, del #caféparamadres.

Durante mi intervención yo quería haber contado que “la maternidad” no es una sola, sino una producción compleja, y que tener esta obviedad presente ayuda a delimitar responsabilidades y a ver cómo, pese a lo que se ha escrito de las madres, pese a las ataduras, siempre han existido mujeres que han trasgrediendo la ficción hegemónica y han construido conocimiento, con el amor como única experiencia. Me hubiera gustado explicar la Exigencia Cero, las bondades de trabajar sin juicios, en entornos seguros, donde poder entrenar para ser la madre que cada una quiera ser, y no la que se espera que seamos.

Tenía apuntado decir que otro Café para Madres estaba dando sus primeros pasitos en Sopela y animar a las oyentes a que impulsaran iniciativas del estilo wilde wide world y que lo hicieran también los nuevos padres, que allí se daban cita. Porque el trabajo de desmontar clichés nos beneficia a todas y crear lenguajes nuevos está muy bien que se haga en el mundo académico, pero también se debe currar (a veces con pico y pala) en los grupos de WhatsApp, y en las comidas familiares de los domingos por la tarde.

1914640_1698943057018614_7323683872629665477_nEsos eran mis objetivos, digamos y luego, claro está, viene LA VIDA.

Cuando me tocó el turno quise empezar haciendo ese reconocimiento a mi madre, a la mujer de 74 años que me parió y que se había pegado un madrugón monumental para que yo no me perdiera la rave-party de las nuevas masculinidades. Al hacerlo la sala entera aplaudió… y con los aplausos 1) me emocioné 2) perdí el sentido 3) me vine arriba y 4) lo personal es político. Para qué quieres más. Después yo ya sólo sé que hablé y hablé, pero no dije nada de lo que llevaba escrito. Nada de lo que quería decir. Me han contado después que fui bastante políticamente incorrecta pero que moló. No me debí pasar de grosera, porque es cierto que después todas me sonreían, algunas incluso me abrazaron, me invitaron a un cigarro (gracias Joaquim) y hubo quien se quiso sentar a mi lado en la comida de hermandad.

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Fue genial, en serio. A mi por lo menos me sirvió para recordar que la justicia social no sólo es cosa mía, o cosa nuestra, sino que sólo se conseguirá con la implicación de todas las partes y que hay mimbres para esta cesta (y eso que me perdí la exposición de Miguel Lorente, otra de esas personas que te hace recobrar la ilusión por el futuro). Gracias a quienes estáis trabajando duro en esto, en que el cambio real sea efectivo.

Termino ya, recordando que el próximo Café para Madres de Bilbao será el 10 de abril y que precisamente nos meteremos con los #padresigualitarios las #paternidadespositivas y la madre que las parió a todas. Estáis invitadas.

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