Cómo la Exigencia Cero me llevó hasta el mar.

 

Yo creía que no me gustaba hacer deporte.

Yo pensaba que era una friolera.

Pensaba que no me gustaba meterme en el mar si no hacía 37 grados en el exterior.

Yo pensaba que me gustaba nadar un poquito.

Yo pensaba que no quería nadar rápido.

Yo creía que no tenía potencia.

Pensaba que era una vaga.

Poco constante.

Torpe.

Un montón de etiquetas que fui coleccionando a lo largo de la vida y que me creí a pies juntillas.

¿quién me las puso? ¿para qué? ¿por qué seguía creyendo?

No lo sé y no me importa.

Lo que me importa es que me he deshecho de ellas. Se han caído. Evaporado. Ido.

He explorado mi cuerpo, he parado, respirado, me he cuestionado, preguntado, me he visto reflejada en otras, me he proporcionado espacios seguros donde SER. Espacios libres de juicios para poder ver claramente los míos. He soltado todas las etiquetas, las exigencias, atreviéndome cada día a ver quien soy de nuevo y

¡VOILÁ!

Puedo nadar en el mar a finales de septiembre, a las 7 de la tarde y rodeada de triatletas.

playa

 

Y así con todo, nado en mares que hace 5 años nunca hubiera imaginado…¿Qué será lo próximo?

Ni idea. Me dejo sorprender.

 

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