Orca Maris. Día 1.

Nadar, como vivir, es una experiencia solitaria.

Es verdad que lo hacemos acompañadas, una no está sola en el mar o en la vida pero lo cierto es que nadando, como en la vida, con lo único que contamos es con nosotras mismas, con nuestro cuerpo, nuestra fuerza, nuestra confianza y desconfianza. Luego está la realidad, las circunstancias, las corrientes, las olas, las otras pero nadar lo que se dice nadar, y vivir, lo hacemos solas.

Y aquí viene el lío.

¿Cómo gestionar lo que me pasa junto a las otras? ¿Cómo tomo consciencia de mi cuerpo, de mis límites, dentro del grupo? ¿Cómo respeto mis tiempos? ¿Cuándo decido parar, seguir, ir más rápido? ¿Quién manda en estas decisiones?

¿Cuánto me respeto nadando y viviendo?

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