Exigencia Cero

La Exigencia Cero fue desarrollada por Mujeres Imperfectas, un colectivo que fundamos junto a otras mujeres en Bilbao y del que fuimos parte los cinco años que estuvo activo. Gracias a la Exigencia Cero la Imperfectas conseguimos encontrar nuestros caminos…

En 2014 tuvimos la oportunidad de participar en el “II Congreso Internacional: El empoderamiento de las mujeres como estrategia de intervención social” de la Universidad de Deusto y presentar la Exigencia Cero como una herramienta.

¿Qué es la Exigencia Cero?

Desde luego, no es un proceso. Es más bien un des-proceso, incluso una des- metodología, en el sentido en que trata de desmontar el férreo sistema impuesto por la sociedad y dirigido por una misma.
Porque las responsables de este terrorífico plan de exigencias somos nosotras mismas. La sociedad, los medios de comunicación de masas, todos los referentes literarios, artísticos, culturales… dictan lo que se debe hacer para
ser perfecta, cómo debe ser esa perfección a la que debemos parecernos con toda nuestras fuerzas; pero después las mujeres asumimos, nos conformamos, aceptamos y reproducimos.
Respecto a por qué aceptamos esto las mujeres, Laura Freixas, en su artículo titulado “Maternidad y cultura: una reflexión en primera persona” asegura que “es tentador creer que la pasividad, la sumisión, la aceptación de un destino decidido por otros (esa es al fin y al cabo la historia de María, modelo fundamental ofrecido a las mujeres hace dos mil años) nos hará felices”. Desde pequeñas a las mujeres nos enseñan esta especie de zapatito mágico, es decir, “haz todo lo que yo te digo, acéptalo, asúmelo, confórmate… que todo, todo llegará”.
El nacimiento de las exigencias
Con la aceptación de esta promesa (“la felicidad eterna está a un paso de ti así que no te muevas y espera, que el bien llegará”) empiezan a aparecer las exigencias. La primera y más contundente de todas ellas es que cada mujer debe estar fuera de sí misma.
Se exige a las mujeres que no se reconozcan a sí mismas, que estén en los demás. Las mujeres deben entregarse, cumplir los deseos y expectativas de todas las personas que tienen alrededor, antes que los de ellas mismas. De esta manera las exigencias de padres, jefes, hijos, amigas, parejas… se convierten en prioritarias mientras se desoyen y se descuidan las expectativas propias, los deseos interiores.
Una vez hemos empezado a aceptar las exigencias ajenas como propias, el listado crece ad infinitum: debería estar más delgada, debería ganar más dinero, debería tener un coche más rápido, o más seguro, debería tener más hijos, debería tener menos hijos, debería hacer deporte, debería depilarme, debería limpiar, debería recoger, debería organizarme mejor, debería beber más agua, deberíamos visitar a tu madre, debería cenar verduras y tener un vientre plano. Entre otras.

El objetivo de las exigencias
Pareciera que el fin último de estas exigencias ajenas fuera empobrecer a las mujeres. Las exigencias no generan más que frustración y lo que hemos venido a llamar empobrecimiento femenino.
Impiden el desarrollo individual, pues el potencial de cada mujer queda reducido a nada. Así nos encontramos con mujeres que no sabe lo que quieren hacer, no saben lo que necesitan, y a veces que ni siquiera tienen tiempo para preguntarse quiénes son y qué necesitan.
Hoy en día pareciera que a las mujeres nos tuvieran separadas de nuestro cuerpo, expropiadas de él, con la cabeza llena de pájaros, distraídas pensando cómo conseguir un vientre plano o unas pestañas más largas; cómo ser más productiva en la oficina o cómo lavar más blanco; cómo disimular el estrés de mi cutis o cómo disfrutar con las fantasías sexuales de mi pareja. Alejadas de lo que somos, sin saber lo que realmente sentimos, dormidas, empobrecidas.
La propuesta de las Mujeres Imperfectas para combatir el empobrecimiento femenino es el empoderamiento femenino; desmontar un sistema extremadamente exigente con las mujeres, creando espacios de exigencia cero donde las mujeres podemos parar y coger impulso.
Alcanzar esta manera de funcionar no ha sido un proceso sencillo, puesto que no es fácil tomar conciencia de cómo atendemos las expectativas de los demás antes que las nuestras. Nos tenemos tan enmascaradas, tan maquilladas, que reconocerse debajo de tantas capas, a veces resulta muy difícil.
Características de un Espacio de Exigencia Cero
El Espacio de Exigencia Cero es un espacio seguro y confidencial, libre de juicios externos e internos. Se trata de crear el entorno propicio para parar, y dejar de emitir valoraciones, opiniones del tipo “me gusta” – “no me gusta”.
Un rincón de tranquilidad en el que podamos estar muy atentas a estos juicios internos, porque estos, si les dejas, no paran y producen un ruido interior en ocasiones ensordecedor. Un ruido que nosotras ayudamos a identificar y desatender.
Nuestra propuesta es atrapar este hilo mental y disociarlo de lo que estamos sintiendo, lo que es nuestro cuerpo. Se trata en realidad de volver a lo físico, a hacernos cargo de nuestro cuerpo, que es lo único que tenemos, lo que nos trae a la realidad. Nuestro cuerpo es el que pone los límites, porque es el único límite real que hay (aquí estoy, ocupo este espacio y llego hasta aquí) y es el cuerpo de donde sacamos las respuestas, las preguntas, la fuerza y los deseos.
Nuestra des-metodología
¿Quién puede crear un Espacio de Exigencia Cero? Cualquiera. Cualquiera que pueda conseguir una sala diáfana, insonorizada, con buena calefacción o climatización, con buena luminosidad y un equipo de música que favorezca o que facilite la conexión con lo interior.
Si eres capaz de conseguir esto, eres capaz de crear espacios de Exigencia Cero puesto que no se requiere de ninguna titulación especial, ni hay que tener una habilidad determinada para crearlo. Todas sabemos y todas podemos hacerlo.
Tiene que haber una persona que coordine, que proponga y facilite las cosas a las mujeres que se aventuren en estos espacios. Se empieza con unos minutos de relajación, donde la atención se va dirigiendo al cuerpo, conectando con la respiración, preguntándonos cómo nos encontramos.
Es en ese momento cuando el cuerpo habla y pide hacer lo que necesita. A nosotras nos corresponde entonces darnos permiso para hacer lo que necesitamos.
Aquí es dónde empieza el des-proceso. Aquí es donde surgen las exigencias y empiezas a darte cuenta de cuáles son tuyas y cuáles no. Aquí es donde llega
la autoconciencia, y con ella llega otra fuerza interior terriblemente poderosa que es la autoestima, que empodera porque ayuda a plantarte, a ocupar tu espacio. La realidad que surge en los espacios de Exigencia Cero es tan contundente que tampoco deja opciones. Cuando dejas hablar a tu organismo y sabes escuchar lo que quiere y lo que necesita, si este dice no, es que es no y si dice sí es que es sí. Las expectativas ajenas quedan fuera. No tienen sitio en este nuevo sistema.
Herramientas en las que nos apoyamos para crear un espacio de estos, con éxito: el juego, la música, el teatro, el dibujo…
Una vez se saca fuera (se verbaliza, se dibuja, se materializa) lo que había dentro, lo que cada una es y necesita, sobreviene la necesidad de contagiarlo por el mundo. Se pasa de recuperar el poder individual, adormilado, a reforzar el poder del grupo, la fuerza transformadora.
Qué NO es la Exigencia Cero
Desde luego no es un proceso mágico. No es algo que se consiga de un día para otro. Es más bien un trabajo a largo plazo, que entraña cierta dificultad.
No es fácil. La comodidad del “más vale malo conocido” hace que a todas nos cueste enormemente despojarnos de mochilas, de máscaras, ropajes y otros lastres.
La Exigencia Cero no es irresponsabilidad, ni dejadez, ni abandono. Puede parecer contradictorio pero al final la liberación de las expectativas ajenas, del deseo de agradar a los demás, permite hacer muchas más cosas. La idea de querer hacerlo todo y todo perfecto sólo conduce al miedo y a la parálisis.
La exigencia cero te lleva a permitirte probar, a darte permiso para meter la pata. Te hace más comprensiva con los otros, y contigo misma, pero esto no quiere decir que dejes a los demás hacer contigo lo que les dé la gana. Al contrario: gracias a la exigencia cero cada mujer conoce su cuerpo, sus límites y sus necesidades.

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